Misión de Semana Santa en La Rioja

Cuando me pidieron que escribiera un pequeño artículo sobre esta experiencia, se me vinieron tantas cosas a la cabeza que se me dificultó elegir de qué hablar. ¿Hablaré de la inmensidad y belleza de las montañas, del Famatina? ¿Del silencio del pueblo, de la paz reinante? ¿De las hermosas capillas del pueblo, con sus antiquísimas imágenes? ¿Quizá de la mirada de la Doliente, de una de las imágenes más bellas que vi de Santa María? Difícil ser breve y concreto. Me marcó muy fuerte el “Perdonen, no odien, porque no saben lo que hacen” con el que Wenceslao Pedernera, recientemente declarado mártir y beato, se despidió de su familia. A esto nos lo narró doña Coca, su viuda. Así es, tuvimos la

No me juzgues, mírame con amor

Los lunes cada quince días vamos a un barrio donde hay mujeres que ejercen la prostitución. Este apostolado es hermoso, ¿quién se va a imaginar que donde hay tanto sufrimiento hay tanta hermosura a su vez?; solamente Dios con su gracia puede hacerme que lo vea. R., es una mujer de 51 años que hace aproximadamente unos 20 años “trabaja” allí; cuando la conocí me recibió con tanta alegría, era como que hacía años que me conocía. Nuestro compartir con ella transcurre en su pequeña piecita. Es un poco duro sentarnos en el lugar donde ella pierde su dignidad diariamente. En mi mente no podía entender cómo tomaba con tanta naturalidad su trabajo, pero bastó que la mirara a los ojos para darme cuen

A mis amigos de Valparaíso

Gracias a cada uno de ustedes que le dan sentido a nuestra misión. Gracias por enseñarme el milagro de la hospitalidad y de los pequeños detalles. Gracias por regalarme tanta gratuidad en cada encuentro. Gracias por dejarme ser parte de sus vidas. Gracias por su confianza plena en cada uno de nosotros. Gracias por regalarme encuentros concretos, más reales y más tangibles con nuestro padre Dios, en donde cada encuentro se hace más pleno y nos revela algo más grande. Gracias por enseñarme a olvidarme muchas veces de mí mismo y entregar y confiar, rezar y ofrecer. Gracias a cada niño, verdaderos maestros de ese amor tan inocente y tan puro en donde siempre, a pesar de todo, están dispuestos a

Yo te necesito a ti igual que tú me necesitas a mí

Hasta el momento, lo que más me ha llamado la atención de estos amigos es su simplicidad en reconocer la dependencia de los demás: Tienen un deseo ardiente de compartir la vida, de abrirse a los demás y me doy cuenta de que yo necesito lo mismo. Saben que dependen de un buen amigo que les escuche, con el que se puedan reír, con el que puedan hablar de sus intereses, de sus preocupaciones, de sus sueños... Es abrumador ver que se alegran muchísimo de conocerme y quieren que comparta un rato con ellos. No me olvido de las palabras de Irene, una madre de familia amiga de Puntos Corazón, mientras tomaba un café en su casa: “Yo te necesito a ti igual que tú me necesitas a mí”. Extracto de la cart

Él estaba misionando en mí

Por la mañana vamos al hogar de la paz, casa de la congregación de Madre Teresa. En este lugar hay chicos con discapacidad. Hay un horario para que pueda ir cualquiera que lo desee a ayudar. El primer viernes recorría el lugar y sentía que no podría hacer mucho ahí, me sentía inexperta para lo que veía. Pero al llegar a una sala donde estaban casi todos los chicos, comenzamos a ayudar cortándoles las uñas, como podíamos porque algunos no se dejaban. A la hora del almuerzo, como era nueva me dieron el plato de Diego que come todo y bastante rápido. Después me acerco a Iván y un encargado me explica cómo darle su comida, Él tiene problemas para tragar, se ahoga fácil. Entonces con su explicaci

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