Me hace ver el sentido de mi Sí

Jan es un niño de doce años que vive en nuestro barrio, su mamá falleció cuando él nació; su crianza está a cargo de su tía, la cual llama mamá. Ellos viven en una casa muy cerca a la nuestra con su abuela y varios familiares más, son una familia muy humilde, pero con un corazón enorme siempre dispuesto a recibirnos. Jan casi todos los días llega al Punto Corazón y cuando no llega nos sorprendemos; él con su alegría y sus burlas se ha convertido en una persona muy especial para mí, día tras día puedo notar cómo su amistad puede muchas veces hacerme renunciar a mí misma, algo que me es muy difícil. Cuando en mi mente solamente resuena la pregunta de ¿por qué estoy acá? aparece él diciéndome s

Gypsy, mi pedacito de cielo

Entramos al barrio gitano alrededor de las 16:00hs, en primera instancia todo parece tranquilo, sin mucho movimiento, hasta que caminas una cuadra y todo cambia; la gente cocinando y comiendo en la calle, los adolescentes jugando a las cartas en el piso, los más pequeños haciendo una siesta con una manta tendida sobre la tierra y los niños que vuelven de la escuela con esos uniformes impecables verde agua y esos peinados que pocas veces he visto; y de pronto, cuando te ven vienen hacia vos corriendo y gritando tu nombre, hasta que llegan a tus brazos y sin importar si tienen dos, cinco o nueve años te piden que los alces y juegues con ellos. Pasan solo unos minutos, parece un pestañear, y cu

Tengo sed

Debido a su problema de abstinencia con el alcohol, Luis fue hospitalizado y fuimos a cuidarlo: "El tiene problemas para conciliar el sueño. Logró dormir cuando me puse a rezar el Rosario en voz alta (¡ternura de la Madre! se durmió en sus brazos). Mientras descansaba, sólo podía ver en él el cuerpo machucado de Jesús, herido, flagelado…Más de una vez durante la mañana me dijo “tengo sed”: las mismas palabras de Jesús en la Cruz. ¿Cuántos sedientos tirados en las camas de los hospitales, solos, sin compañía, sin afecto, sin ternura, sin amor, sin mamá? ¿Cuál es nuestra misión sino dejarnos consumir por ese otro Amor reconociendo en los que sufren el Cuerpo y la Sangre de Jesús, porción de

La gracia de contemplar los rostros

Quiero hablarles de una gracia que el señor me concede en la misión: la de contemplar los rostros. Todos tenemos un lugar particular donde hallamos la viva presencia de Dios, viendo su dolor, su alegría, la sed de presencia. Dios me ha regalado ese lugar en cada uno de los rostros del barrio. Si ustedes supieran cómo mi alma se regocija y estremece al perderme en cada mirada, en cada sonrisa, en cada belleza, me pierdo en ellos contemplándolos, buscando a Dios, buscando saber más de lo que reflejan y eso sucede en los momentos simples, en los que menos planeo, en la GRATUIDAD: caminando por el barrio, yendo en bus, jugando con los niños, hablando con ellos, acariciándolos, mirándolos de

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