• Luz Pedroso, El Salvador

Creía que mis manos venían cargadas...

Reí, lloré, escuché, aconsejé, me escucharon y aconsejaron, reté, abracé, enseñé, conocí, perdoné, pedí perdón, descubrí, y principalmente amé, amé tanto como pude. Por eso acá queda un poco de mi corazón. Jamás habría aprendido a amar tan desprendidamente si no hubiese venido hasta esta tierra. Y jamás hubiera empezado a apreciar el rostro de Dios, sus gracias y bendiciones en cada pequeño detalle, en el día a día, en la cotidianeidad sin adentrarme a navegar en esta aventura.

Cuando llegué, lo hice con las manos vacías, aunque creía que venían cargadas y que yo venía a dar, pero no fue así, aprendí más de lo que enseñé, me dieron mucho más de lo que di. Y eso me hace feliz. Me voy llena de Dios.



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