Mi misión no me pertenece

 

Cuando creo que ya no puedo soportar más, que está misión me supera ampliamente, que estoy cansada de darme y me siento un poco vacía, Retishka viene a recordarme que estoy acá para ellos y no para mí, que la misión no me pertenece, sino que es Dios el que tiene las riendas de nuestras vidas y somos pequeños instrumentos, pero preciosos a sus ojos. Así como no puedo decirle que no a Retishka cuando me mira con tanto amor y dejo de lado todos mis planes para dedicarme a ella, así también quisiera decirle siempre que sí a las propuestas de Dios, que me sigue llevando cada vez más lejos, pero tomada siempre de su mano. Hoy me cuesta creer que lo que empezó con ese pequeño sí hace ya más de un año, se ha vuelto la experiencia más maravillosa que jamás hubiera imaginado.   

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