Gloria, futura misionera a Japón

Mi nombre es Gloria Alejandra Afanador Portilla, nací en la ciudad de Bucaramanga, Colombia, tengo 24 años, estoy pronta a graduarme en Derecho y Economía. En abril del presente año saldré de misión a Japón y quiero contarles como descubrí que Dios me llamaba a una experiencia de misión y específicamente a vivir esta experiencia con Puntos Corazón…

 

Debo empezar por contarles que cuando inicié mi Universidad sentí en mi corazón que Dios me llamaba a una misión, acababa de empezar mis estudios y dije que cuando me graduara de la Universidad iba a dedicarle un tiempo a Dios y a la misión que Él había dispuesto en mi corazón. La principal razón que me motivaba a querer hacer esta misión, era el sentir que Dios había sido demasiado generoso conmigo, me había regalado una vida con mucho amor, una linda familia, todas las comodidades necesarias, viajes, sueños, estudios y mil oportunidades más. Pero veía también que había a mi alrededor otras personas que no contaban con la misma suerte y que en acción de gracias a Dios debía compartir con los demás no solo obras materiales creía que debía dar mi tiempo, que debía darme yo misma.

 

Con el paso del tiempo y en el proceso caminar con Jesús descubrí que vivía en un mundo bastante superficial, donde lo más importante era tener éxito (buenos logros, buenos trabajos, buenas relaciones), me gustaba bastante la fiesta y el alcohol y al principio me llenaban mucho pero al día siguiente dejaban un vacío muy grande. Me fui encontrando con Dios y Él fue mostrando las cosas que le hacían daño a mi vida, así que empezó una lucha por acercarme a Él, por conocerlo, por vivir como Él me invitaba a vivir en su palabra. Fue entonces cuando descubrí lo difícil que era vivir así, difícil por mi egoísmo y mi comodidad, difícil porque estaba muy acostumbrada a mi mundo superficial. Esta es la segunda razón que me llevo a anhelar la misión, el sentirme totalmente necesitada de un encuentro real con Dios, necesidad de escucharlo a Él y descubrir a que me llama, un encuentro con Dios en mis hermanos.

 

Es decir, pase de sentirme profundamente agradecida a sentirme profundamente necesitada y estos dos sentimientos aún coexisten en mi. Son estos sentimientos los que, después de vivir las charlas de formación, descubrí que son formas mediante las cuales Dios llama a la misión.

 

Si bien sentía ese llamado, ya se acercaba la hora de terminar mis estudios y no sabía a donde Dios quería llevarme de misión, no conocía tampoco con cual Comunidad debía irme, empecé a buscar, tenía algunas opciones y una compañera de trabajo que sabía mi deseo de salir de misión me comentó que su hija había encontrado una Comunidad llamada Puntos Corazón. Me pareció interesante, me contacté con Leticia y ella me invitó al Ven y Verás donde descubrí el llamado a hacer mi misión en este Comunidad. Dos tres las cosas que me parecieron difíciles pero hermosas, mediante las cuales descubrí que era justo esta Comunidad la que Dios quería para mi y no otra.

 

Primero, el carisma de la Comunidad: la Compasión. Personalmente no me resulta fácil poner primero lo que la persona que esta a mi lado quiere o necesita, antes que mis gustos o necesidades propias. Fue sorprendente encontrarme con “puntos de amor” en medio de un mundo agreste, egoísta y peligroso. Saber que la misión de los amigos de los niños es simplemente “estar y acompañar” me resulta increíble pero creo que ese el significado del amor: estar. Así o puedas cambiar la situación, así no puedas ofrecer soluciones, así las cosas sigan iguales, estar. Al descubrir esto Jesús me hacía una invitación a aprender a amar, a salir del egoísmo, de mis problemas y necesidades e ir en busca del otro y escucharlo y acompañarlo en sus problemas y necesidades.

 

La segunda cosa es la necesidad de abandono en Dios. Soy una persona controladora, que siempre quiere manejar la situación y que siempre cree que encuentra soluciones. En el Ven y Verás descubrí que hay situaciones que quizás no tienen solución, pero sobretodo aprendía a despojarme de mis seguridades, conocimientos y prejuicios. Allí aprendí que muchas veces el apoyarse en uno mismo resulta siendo una barrera al intentar darle solución al problema del otro, porque resultas juzgando el problema tal como tu lo ves, en vez de escuchar a tu hermano y ponerte en sus zapatos. En esta comunidad aprendí la importancia de confiar en Dios, de abandonarse en Él, con la plena certeza de que Él camina con nosotros, que no estamos solos, que Él todo lo permite para bien y que el creerme autosuficiente no solo no resuelve nada sino que entorpece su plan.

 

La tercera cosa que me motivó fue la vida de oración. Saber que es tan importante estar disponible para Dios y que esa disponibilidad se logra mediante la oración con Él. La Comunidad establece espacios de oración que son muy necesarios tanto para la vida comunitaria como para el servicio. En el Ven y Verás aprendí que es fundamental aprender a contemplar a Jesús en la Eucaristía y en la adoración para poder contemplarlo en los hermanos y amigos, en el que se encuentra a tu lado.

 

Agradezco sus oraciones para vivir al máximo esta aventura que Dios ha dispuesto, para abrir mi corazón y entregarlo tal como Dios lo quiere. Él se encarga de los frutos a nosotros nos corresponde dar el ¡SI!

 

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