No me juzgues, mírame con amor

Los lunes cada quince días vamos a un barrio donde hay mujeres que ejercen la prostitución. Este apostolado es hermoso, ¿quién se va a imaginar que donde hay tanto sufrimiento hay tanta hermosura a su vez?; solamente Dios con su gracia puede hacerme que lo vea.

 

R., es una mujer de 51 años que hace aproximadamente unos 20 años “trabaja” allí; cuando la conocí me recibió con tanta alegría, era como que hacía años que me conocía. Nuestro compartir con ella transcurre en su pequeña piecita. Es un poco duro sentarnos en el lugar donde ella pierde su dignidad diariamente. En mi mente no podía entender cómo tomaba con tanta naturalidad su trabajo, pero bastó que la mirara a los ojos para darme cuenta de su sufrimiento, solamente pasaron algunos segundos para que ella me abra su corazón para contarme un poco de cómo la vida la golpeó.

 

El encuentro con ella es como encontrarme con el mismo Jesús que me dice “No me juzgues, mírame con ojos de amor”; a su vez me invita a abrazar la realidad y a cargar un poquito de su cruz. 

 

 

Extracto de la carta de Ludmila, en misión en el Punto Corazón de El Salvador.

 

 

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