¡Tienen tanta luz en sus rostros!

 

Treinta minutos caminando para llegar a ellos, así empieza cada domingo de apostolado por la siesta. Y cuando empiezas a percibir la basura a tu alrededor, cuando se aprecian nubes de color gris, cuando solo se puede respirar humo producto del quemado de basura; es cuando has llegado, es el basural de nuestra ciudad; y detrás de esa gran nube es donde están ellos, es donde se ven casas chiquitas y familias numerosas, es donde se ven niños desde la primera hasta la última cuadra del barrio, es donde ni bien te ven te piden que compartas un momento con ellos ofreciéndote pasar en su casa, sentarte en la vereda a jugar o simplemente intercambiar una sonrisa. 


Aquí, muchas familias atraviesan historias teñidas por la soledad, enfermedades o carencias materiales; pero si hay algo que les sobra es amor, en cada hogar nos esperan con un plato de arroz, café o galletas, y ¡ni hablar de los niños! Cuando nos ven corren hacia nosotras gritando ¡akka akka! (hermana mayor), y el encuentro finaliza con un abrazo o con un juego. No se imaginan lo valioso que es para mí cada uno de estos encuentros, estos niños son tan especiales, tienen tanta luz en sus rostros. 

 

 

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