• Puntos Corazón

Carta 1: Jazmín Villalba - Filipinas

Estamos aquí para aprender cómo amar


¡Queridos padrinos, familia y amigos!


Hello! Kumusta ka? Mabuti ako! (¡Hola! ¿Cómo están? Yo estoy bien).

Ya han pasado dos semanas de mi llegada a este lugar que Dios pensó para mí con tanto amor y me parece una locura estar escribiendo la primera carta para ustedes.

Solía pasar tiempo imaginándome qué les iba a contar o qué fotos iba a elegir para mostrarles, y acá me encuentro sin saber por dónde empezar porque han sido solo unos pocos días pero he vivido tan intensamente que siento que hace mucho tiempo que estoy acá.


“Ha sido largo el viaje pero al fin llegué” dice una canción que me gusta mucho, ¡y vaya que fue largo! 33 horas arriba del avión para ser mi primera vez, pero realmente fue una lindísima aventura. Quedé maravillada con el cielo, y logré entender porque Dios se tomó todo un día para crear cielo y tierra. No podía dejar de contemplar tan preciosa creación y admirar la inmensidad de su amor en cada detalle. Atravesar las nubes fue mi parte favorita, me sentía como una niña jugando en el cielo. Adentro de la nube, afuera de la nube, adentro de la nube, afuera de la nube, adentro, afuera, adentro, afuera…¡ Y así pase mis horas!

La belleza del amanecer y el atardecer es algo que podría ver una y otra vez, observar como el sol empieza y termina su jornada, me resultaba algo totalmente sorprendente. Y a la noche, el cielo iluminado por la luna y las estrellas, captaban toda mi atención, podía verlas tan de cerca, pero a la vez seguían estando tan lejos.

Mientras me encontraba contemplando cada momento y cada detalle, me pregunté ¿Cuántas veces deje de mirar al cielo? No sé si les pasa, pero yo en la rutina diaria muchas veces me olvido de mirar los pequeños grandes detalles, de verlos y dejarme sorprender una y otra vez por tanta belleza y sentir que Dios creo todo pensando en mí, en nosotros. Y puso todo su amor en la creación.

En el aeropuerto me esperaban Blanca, Uyên y Antonio quien en su muy poco Inglés me dijo “For you, chocomucho, for you” (Para ti, chocomucho, para ti). Mi pequeño hermanito me esperó con dos chocolates. ¿Alguien le dijo que me encanta el chocolate?


Aquí en Filipinas siempre hay mucho tráfico, por lo que tuvimos cerca de una hora de viaje hasta Marikina, dónde viven Mariam (Francia) y Teresa (Vietnam) dos consagradas de Puntos Corazón, y es la casa donde solemos ir a descansar una vez a la semana.



WELCOME JASMIN, decía un hermoso cartel en la pared y una silla que simulaba ser un trono junto a una lindísima corona de flores naturales que me aguardaba. Me sentí como una princesa.

Para cenar teníamos comida Filipina, Vietnamita y arroz, pero no sé qué nacionalidad darle. Y para mi sorpresa junto a mi plato, una cuchara y un tenedor. Pensé que se habían olvidado de mi cuchillo, pero no, aquí no usan este precioso ustensilio que cuando no lo tienes lo aprendes a valorar, aquí utilizan la cuchara para cortar o bien, se come con la mano. Pero si quieren, prueben en casa cortar la carne con la cuchara, después de unos días resulta divertido.

Entre helado (¡Si! ¡Hay helado!) música, cantos y bailes, me recibía mi comunidad, y algunos amigos. Me recibía mi familia.


“Como la sagrada familia, buscamos ser una comunidad de amor, de caritas, de pobreza, de despojo de nosotros mismos y de nuestra voluntad.” (Catherine de Hueck).



Somos 7 personas viviendo en este dulce hogar que llamamos Tahanang Puso (Puntos Corazón para nosotros). Dos de ellos son laicos consagrados, Alex (Francia) y Joseph (Vietnam) y 5 voluntarios, Blanca (Francia), Uyen (Vietnam), Khai (Vietnam), Antonio (Italia) y yo.

Nuestra casita está llena de alegría y solemos tomar las decisiones al compás del “Bato, bato, pick!” (Piedra, papel, tijera), somos una familia llena de nacionalidades diferentes, cada uno tiene su costumbre, su tradición, su comida. Ahora nos encontramos con un stock importante de comida vietnamita porque la familia de Khai vino de visitas y trajo provisiones y acaba de llegar de Italia, Cesare, más conocido como Abuba, un gran y por lo que pude notar, famoso amigo de los niños quien trajo una valija solo de comida Italiana, entre ellos café, galletitas, pasta y chocolates.

Somos tan diferentes, que a veces es un poco difícil, aunque si de costumbres y tradiciones hablamos, pude darme cuenta de que Italia y Argentina tienen muchas cosas en común, ya que con Antonio nos entendemos bastante en estos aspectos.

Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias, en nuestro corazón late fuertemente la frase que tenemos escrita en la pared del comedor y con la que nos encontramos cada mañana cuando nos sentamos a desayunar todos juntos: “Estamos aquí para aprender cómo amar” y realmente lo vivimos así.


“Aquí se aprende a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido, tan profundo y misterioso, de aquella simplísima, humildísima, bellísima, manifestación del Hijo de Dios”. (San Pablo VI).



¡Cuánta vida tiene este lugar! Hay tantos niños que no creo que me alcancen dos años para aprender el nombre de todos.

Al salir de la casa, siempre te espera una sonrisa o una voz que dice “Saan ka pupunta?” (¿A dónde vas?), ves a los niños tomar distancia para saltar en tus brazos y de lejos puedo escuchar “¡Ate Jazmín!” O como me dice el pequeño Say Say “¡Ate Argentina!” (Ate les dicen a las mujeres más grandes que uno, y Kuya a los hombres).

Realmente estos pequeños son una belleza y no falta quien me dice que parezco filipina, y aunque de algunos solo entiendo “Hello, ate Jazmín” es suficiente para que abracen mi corazón.

Les encanta venir a cocinar a nuestra casa, y cocinan como profesionales, quedé sorprendida del manejo que tienen para pelar y rallar una zanahoria, yo puedo estar 15 minutos con una sola y seguro me rallo un pedacito de dedo. Ángel, quien está cocinando junto a Yani y junto a mí, me dio la regla filipina número uno en cuanto a la comida: mientras más aceite, mejor… Por lo que para mí es un desafío, ya que la comida frita no me cae nada bien.


Todo es tan diferente que voy a tratar de poner en palabras lo que contemplo día a día.

Las casas en su mayoría son pequeñas y en ellas viven muchas personas. En algunas se puede encontrar afuera una mesa donde venden algunas frutas o comida, en su mayoría frita. En alguna que otra ventana, se puede observar un kiosco instalado y para mi asombro, la primera vez que me dijeron vamos al mercado, me encuentro con que era en la calle. Sí, hay mesas en la calle y depende el lugar se puede comprar pescado, cerdo, pollo, verduras, frutas... Y claro... ¡Distintos tipos de arroz!

En la vista diaria, puedo ver como las mujeres fuera de la casa lavan la ropa en un gran recipiente de plástico ayudándose con una tabla de madera para poder fregar mejor, y sentadas en un banquito muy pequeño, luego las cuelgan en perchas y cual tienda de ropa las ponen a secar en las ventanas, balcones, o donde encuentran un espacio que le dé el sol. Claro que yo también lavo la ropa de esta manera y para ser sincera, me gusta mucho. Hasta lo veo como un momento de relajación.


En mi primera semana, pude ir a 3 de los lugares que visitamos.


Fish Port, el puerto, donde al llegar, por primera vez vi el mar y como Dios quiso regalarme un poquito más, pude ver el atardecer y al sol esconderse lentamente detrás de los barcos. En este lugar tenemos un gran amigo, Kuya Renato, quien para mí, es un genio en el ajedrez. Tuve el honor de jugar con él dos partidas, en la primera perdí al minuto y en la segunda perdí a los 3 minutos. Voy mejorando.


Market 3, un barrio muy pobre donde la condición de vida es muy mala y en el cual la droga es moneda corriente. Las casitas son de madera y las puertas de tela, el patio es la vereda o la misma callecita del pasillo donde viven. Y claro, aquí también hay muchísimos niños.


Missionaries of Charity (Misioneras de la Caridad), es una congregación religiosa establecida por la Madre Teresa de Calcuta para ayudar a los más pobres. Este lugar tiene dos casas, una de niños y otra de gente mayor.

Quiero contarles que aquí, recibí una gran lección. Llegamos justo para la hora del almuerzo en ambas casas, pero primero estuvimos en la de niños donde intente darle de comer a una niña, pero ella no quería comer. Fue bastante difícil para mí porque suelo relacionarme y entenderme muy bien con los niños, pero con ella trataba de todas las maneras posibles y no lograba nada. Hasta que Uyen vino a mi rescate, y ella con un poco más de paciencia intento, y lo logró.

En la casa de gente mayor, no terminé de entrar que Kuya Oscar, emite un sonido hacia mí, dándome a entender que quería que me acerque. Al llegar a él me dice unas palabras que no logré comprender pero Khai que estaba junto a mí me traduce “Quiere que le des de comer”.

De un extremo al otro, ¿no? Les confieso que con la niña me sentí un poco frustrada, por no haberlo logrado, pero con Kuya Oscar sentía que Dios quería decirme algo, y así fue.


Para los que me conocen en profundidad saben que soy muy ansiosa y quiero que las cosas sucedan ya, quiero ver los resultados ahora. Y no, no funciona así.

La primera vez que fui a una misa en Tagalo (el idioma aquí en filipinas), ¡Ay! Solo podía entender “Espíritu Santo, amén”, porque se dice igual que en español. Con los amigos del barrio, que me recibían con alegría, quería entender las palabras de bienvenida que tenían para mí. Quería entender a los niños, decirles y contarles cosas. “¿Ano ang pangalan mo?” (¿Cómo te llamas?) Era lo primero que escuchaba y ni siquiera a eso podía responder por mí misma.

“Ate Jazmin, bago” (Bago, quiere decir nuevo o nueva), se escuchaba de la voz de mis hermanos de comunidad presentándome con los amigos del barrio. Pero yo no podía responder por mí misma, no puedo hacerlo aún, ni tampoco ir a ningún lado sola. Nunca antes había pasado tanto tiempo en silencio y tratando de decir con mi mirada “Perdón, pero no entiendo”.

Ese día, donde mi ansiedad por querer saberlo todo había llegado a su punto máximo, tuve una hermosa conversación con Alex, en la puerta de nuestra capilla, muy cerquita de Jesús, por lo que pude sentir que era Jesús quien me hablaba a través de mi hermano. Le conté que quería aprender realmente a hablar Tagalo para poder entender y comunicarme, y lo gracioso fue que el me respondió “Yo a veces verdaderamente sueño con no saber Tagalo”. Imagínense mi cara, no lograba comprender su respuesta. Yo que anhelaba con haber nacido hablando este idioma y él queriendo olvidarlo. En ese momento, me recordó que ahora soy una pequeña niña, a mis 27 años, volví a ser una niña que no entiende nada, que no puede hablar, que no puede caminar sola. No puedo hacer nada por mí misma. Dependo de mis hermanos de comunidad que me ayuden a comunicarme o que me lleven a algún lugar, dependo de que ellos me enseñen qué hacer y qué no hacer. Necesito la ayuda de los demás, así como necesité la ayuda de Uyen para darle de comer a aquella niña, como necesite de Khai para entender lo que Kuya Oscar me pedía, y como él a su vez necesitaba de mi sí y de mi ayuda para poder comer, necesitaba de mi servicio, de mi entrega y de mi amor.

Y recordé que dependo de Dios, yo sin él no soy nada y con él lo puedo todo. Pero Dios necesita de mi sí, de mi disponibilidad, de mi corazón.


“No tengo nada más, pero tengo aún mi corazón y con el puedo siempre amar”. Beata Chiara Luce Badano.


No tengo el idioma, no tengo el conocimiento de cómo son las cosas acá, no tengo como comunicarme y entender las palabras de nuestros amigos, o de los niños, no tengo el poder de saberlo todo, pero tengo mi corazón, y con el puedo siempre amar. Puedo amar a mis hermanos de comunidad, puedo amar las situaciones que no entiendo, puedo amar el dolor cada vez que mi corazón se rompe, porque sé que Dios con su amor, lo construye y lo hace nuevo. Puedo y quiero dilatar siempre mi corazón a la medida del amor de Jesús.



Todos los días tenemos un momento de adoración, y es el momento que más espero tener. Cara a cara con Jesús, solo él y yo, hablando un idioma que sí entiendo, hablándole y escuchándolo con todo mi corazón. Y aunque en la misa no entienda nada, el misterio sigue estando ahí. Jesús me espera todos los días, el espera por mí. Y recuerdo que debo vivir el momento presente y que solo una cosa es importante: vivir a imitación de Cristo, permanecer como Jesús durante su vida en Nazareth. Si él eligió nacer, crecer como un niño, obedecer y aprender de su madre y de su padre, ¿quién soy yo para querer apresurar el tiempo? Cuando él me enseña que hay un tiempo oportuno para todo.


“El verbo se hizo carne para revelar lo precioso en nosotros: Nuestro corazón vulnerable, nuestra sed de ser amados y nuestra capacidad de amar” Jean Vanier.


Con esta frase me despido hasta la próxima carta, los tengo presente cada día, y siento su corazón latir junto al mío en cada momento viviendo esta misión juntos.


Maraming salamat! (Muchas gracias), por sus oraciones y su ayuda. Los encuentro y abrazo fuertemente en cada Eucaristía, y rezo a Mamá María para que los cuide, los proteja y los cubra con su manto siempre.


Mahal kita! (Los quiero)


Ate Jazmín.


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