Como una vela encendida
- Marianela, Brasil

- 3 dic 2025
- 1 Min. de lectura
El primer amigo que conocí es el señor César, quien siempre nos acompaña al aeropuerto cuando llega una nueva voluntaria o cuando culmina la misión y es el momento de retornar. Un hombre delgado y alto, muy callado, que sólo habla cuando es necesario. Tiene dos hijos y una nieta. Hace algunos años, su esposa falleció de cáncer y es él quien cuida de Esteban, su hijo adolescente. Su esposa era empleada pública del municipio; una persona donada al barrio. Su casa estaba siempre abierta a todos los vecinos, incluso a cualquier hora. Él, algunas veces renegaba un poco de esa realidad, porque su esposa estaba más en el barrio que en su propia casa. Don César recuerda con mucho amor a su esposa. Mientras habla, sus ojos brillan como estrellas. Ella no era una vela humeante sino una vela encendida, que iluminaba al barrio con su presencia y su preocupación para que todos los vecinos estén bien. Y César es como una vela encendida para nosotras, siempre está dispuesto a ayudarnos, como un padre. Él está atento si tenemos alguna pequeña necesidad como: una puerta que no cierra bien, una reja que tiene una bisagra rota, el horno que no funciona o cualquier otra cosa.. Es lindo ver como el amor de su esposa también transformó su vida, y hoy él también está atento a las necesidades de los demás. Él no percibe esta realidad, pero puedo ver en su acción como continúa con el legado de amor de su esposa.








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