Mi corazón se transformó

Antes de venir a Argentina, pensaba que sin duda sería un año hermoso e interesante, en el que podría conocer una nueva cultura y un nuevo país. Pero al final fue mucho más que eso. He descubierto una forma de vida completamente nueva. Dios me ha mostrado su amor infinito a través del rostro de mis prójimos. Desde el primer día en Villa Jardín me recibieron con tanto amor y alegría que, poco a poco, mi corazón se transformó. Las sonrisas y los abrazos de los niños, el amor de las abuelitas, la alegría de la gente cuando los visitábamos y la seguridad que me daba la comunidad con los otros voluntarios y el vecindario, como si fuéramos una familia. Ahora sé lo que significa tener vida en abundancia. Por eso regreso a Austria, transformado y con el corazón y el espíritu llenos de amor y alegría.




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