¿De dónde le viene esta alegría?

Cada vez que vamos al hospital visitamos a Pedro. Perdió la voz debido a un tumor. Ya lo operaron, pero aún no puede hablar. Por eso siempre susurra y tratamos de leerle los labios. Pero lo que más me sorprende es que siempre irradia una alegría que, para mí, solo puede venir de Dios. Porque, desde un punto de vista puramente humano, no hay mucho de qué pueda alegrarse. Lleva más de un año postrado en su cama, no puede hablar, no puede caminar y casi nadie lo visita. Y creo que precisamente por eso Dios le regala aún más una alegría interior indescriptible. Cada vez que lo visitamos, tiene una amplia sonrisa en el rostro y charla con nosotros lo mejor que puede. Mis últimos momentos con él fueron muy emotivos. Antes de mi misión, nunca hubiera imaginado tener amistades como éstas.





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