Justo para despedir a Don Eugenio

«Viniste en el peor momento». Eso fue lo que me dijeron cuando fui a tocar a la puerta de una casa. Iba a ver si me podían prestar una silla de ruedas o unas muletas para alguien. Normalmente no tenía por qué estar ahí ese día a esa hora, pero justo llegué en el momento en que don Eugenio, el abuelo de la familia, se despedía. Fue una noticia dolorosa, pues le tenemos mucho aprecio a él y a su familia. Lo conocí muy poco, pero era un viejito adorable, con bastón y con un sombrerito, casi como un muñequito, siempre sentado afuera de su casa, como esperando a alguien. También le gustaba hablar de su juventud y de su esforzada vida, pues había trabajado desde muy pequeño. Es bastante triste pensar que ahora, cuando vaya a su casa, no lo voy a ver. También pensar en el dolor que debe sentir su familia por la falta que les va a hacer. Pero tengo la impresión, más bien la certeza, de que él se fue en paz, sabiendo que tiene una familia maravillosa, una familia que sabe darse a los demás, una familia que lo amó tanto y lo acompañó hasta el final. Creo que a cualquiera le llenaría de una inmensa paz y satisfacción ver los frutos de su trabajo y de su amor por la vida. Lo vamos a extrañar mucho.





Comentarios