• Liliana (El Salvador)

La Esperanza brilla en el horizonte de su vida

Ya finalizado el encuentro, Cristina se acercó para confiarnos sus sufrimientos, sus cruces. Sus dos hijos tienen una vida completamente desordenada. Y ella nos dice que no los educaron así, como para que vivan de esa manera. Su esposo y ella sufren mucho; y esto los ha “alejado de Dios”; están desesperados. Su hijo no tiene una relación estable; va de aquí para allá; ya tuvo un hijo con una muchacha, pero no quedaron mucho tiempo juntos; ahora tiene otra compañera de vida; además, los “amigos” que tiene no le ayudan a caminar en la rectitud. Es una familia católica; los hijos han participado en la vida de la parroquia. Por eso la mamá no entiende, y se culpabiliza. El papá se ha enfermado de depresión.

Cada vez que Cristina viene al encuentro de madres, y en el momento de orar especialmente por los hijos, llora y ofrece al Señor su pesada cruz. Pero el milagro de esta simple oración de las madres por sus hijos se está realizando en el corazón de Cristina. La última vez que hablamos, me decía que esta experiencia de oración la ayuda muchísimo a tener una actitud de confianza y abandono en Dios, lo que antes no era el caso. Dijo con toda simplicidad: “Yo no sé dónde estaría, o cómo estaría, si no hubiera empezado a venir a estos encuentros”. El dolor siempre está ahí, pero la Esperanza brilla en el horizonte de su vida.



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