• Ornella Foglia

La fiesta de la Paz

Durante este mes hemos sufrido la pérdida de una gran amiga de Puntos Corazón. Señora Esperanza estaba muy enferma desde hace años, tenía que realizarse diálisis día por medio y yacía postrada en su cama desde varias semanas atrás. Fue la primera vez que me tocó ver y acompañar a una persona en su última agonía. Fuimos a llevarle la comunión durante sus últimos días y lo más impresionante fue ver que sus hijas estaban ahí, al pie de su cama acompañándola y rezando por ella a cada momento. Entrar en su casa era percibir, sentir y vivir un clima de oración muy grande, muy fuerte. Rezamos el Rosario con gran devoción y confianza, implorando a Dios por su alma y dando gracias por ella y por su vida, rogando a cada instante y pidiendo con mucha humildad su infinita misericordia.

Finalmente ella falleció, y cuando nos avisaron no dudamos en ir a acompañar a la familia en este momento y darle el último adiós. Ellos ya venían preparándose para este momento, porque con su estado de salud tan delicado los médicos ya no podían hacer nada. Les cuento esto porque no dejo de asombrarme de todo el esfuerzo que hicieron sus 8 hijos para que tuviera un velatorio digno y con todo lo que le gustaba. Aquí los velatorios se realizan en las casas particulares. Su casa estaba toda ornamentada y llena de muchísimas flores de colores, de todo tipo y tamaño, arreglos florales tan variados y con sus colores preferidos. También ella había pedido que rociaran sobre su cuerpo los frascos de perfume que le quedaban y eso fue lo que sus hijas hicieron. El velatorio duró 3 días, durante los cuales, la oración, el rosario y el respeto no faltaron. También se acostumbra a servir comida a toda hora entre los vecinos. Durante la misa, la iglesia estaba llena, todos vestidos de blanco y todo tan delicadamente decorado, y con música acorde. La verdad, parecía una fiesta. La fiesta de la Paz.


Saber y confiar que después de tanto sufrimiento y dolor, ella está gozando de la pascua eterna en el cielo, es de gran alivio. Sus familiares son conscientes de eso. Y luego para la despedida final, su familia alquiló un bus que conducía al cementerio y cada uno de sus hijos soltó un globo al cielo con una letra de su nombre, ¡Esperanza! Honrándola con todo lo que ella significó en la vida de cada uno. ¡Qué grande es Dios que nos envía y conduce para que podamos ser testimonio vivo de su amor y de su misericordia! Él nos envía para estar presentes en la vida de nuestros amigos, y nos da las palabras justas para decir lo que conviene, en los silencios vacíos y también nos da la capacidad para callar cuando no hay nada más que decir, solo orar. He aquí el secreto de nuestra misión. ¡La presencia!



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