• Virginia Fiorenza

Trabajo, café y Vida

Virginia, una misionera santafesina, forma parte de Puntos Corazón en Polonia. Nos cuenta su testimonio de misión en el ámbito del trabajo.


Hace mas de un año tuve la propuesta de buscar un trabajo en Polonia y empecé a trabajar en contabilidad. Una nueva experiencia y nuevas oportunidades de conocer y encontrar nuevas personas. Una forma diferente de vivir la misión: vivir la compasión en el lugar de trabajo.

Como muchos, desde hace 9 meses, estoy trabajando desde casa. Les puedo asegurar que extraño ir al trabajo. A pesar que es un poco tedioso el transporte, es un tiempo saludable que ayuda a cambiar de ambiente. Extraño los momentos de café, de comida en la cocina, pues eran momentos especiales para realmente encontrar a alguien, y además de ¡practicar mi polaco! Fue así que un día tomando un café salió el tema de la muerte. Y tuve la oportunidad de compartir esta experiencia con mis colegas:


Estando de misión en Perú, conocí a Ana y su familia. Nos dijo que tenia 3 hijas, pero solo dos vivían. Al poco tiempo de casarse quedó embarazada. En uno de los controles, el médico le dijo: “tu hijo tiene hidrocefalia, así que dime cuando quieres que programemos el aborto”. Me asegura que en ese tiempo ella no era mucho “de Iglesia” pero que le hablen así de su hijo, que hablen de aborto, le pareció demasiado chocante, fuera de lugar. Decidió buscar ayuda en otra parte, hacer otra consulta. Mirando la lista de médicos del hospital, vio una que se llamaba “María Lourdes” y se dijo que ella podía ayudarla. La doctora le dijo casi lo mismo: “tu hijo tiene “hidrocefalia” y veo dos opciones: puedes continuar tu embarazo hasta el fin, sabiendo que la única vida que le permitirás tener es dentro de tu vientre, o, si quieres, podemos interrumpir el embarazo cuando quieras: la decisión es de ustedes”. Luego de haber hablado con su marido, decidieron continuar el embarazo. Ella dejó de trabajar durante ese tiempo y ambos, le hablaban al bebé en la panza, le cantaban, escuchaban música... Llegado el momento, hicieron la cesárea y el bautismo enseguida, y al día siguiente María falleció.

Quince años más tarde Ana me confiaba: “te aseguro Viky, que cada vez que tenía dificultades, yo la soñaba. Sabía que era ella: una linda jovencita, con un hermoso vestido, que me miraba. Y esto me daba fuerzas para continuar adelante con mi marido, y con mis otras hijas”.


Demás está decir, que el tiempo del café, fue un poco más largo, no es fácil contar esto en polaco, y que las personas que estaban conmigo volvieron con lágrimas en los ojos a trabajar, y nuestra jefa se preguntaba: ¿Qué pasó acá?



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