• Sofía Ambort

Una inesperada consolación

Maia, es una niña que conocí en el Hogar cuando entró a la sala llorando desconsoladamente porque su mamá ya se había ido. Me acerqué a ella porque su dolor me conmovió profundamente, le pregunté su nombre, la abracé por un rato y charlamos de otro tema, pero ella no paraba de llorar.

Poco después se le acerca una bella niña de 3 años que había llegado toda golpeada hacía unos días. Pone sus pequeñas manos en su rostro y mirándola fijamente seca sus lágrimas.

Nunca podré quitar de mi corazón este momento. Son instantes que me dejan sin nada que decir, en los que solo debo reconocer lo necesario que son para mi vida y cuánto pueden transformarla.



13 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo