Una presencia que cambia la amargura en amor

Nuestra misión consiste en brindar nuestra presencia y amistad a las personas que nos rodean. Creo que, a veces, por el afán del día a día y por estar buscando alcanzar metas, se nos olvida lo sencillo y lo esencial
Por ejemplo nuestra vecina de al lado. Está sola y se nota que carga muchas heridas en su corazón porque tanto su forma de hablar como las expresiones de su rostro reflejan amargura. Se queja con mucha facilidad y mis compañeras me advirtieron que, si un balón nuestro caía en su casa, ella lo pinchaba. Ella no nos recibe, como la mayoría de los vecinos, con una sonrisa en el rostro; aun así, nos recibe y en algunos diálogos que hemos tenido, me doy cuenta de que somos importantes para ella. Increíblemente, llegué a escuchar que nos quería y aunque sus hijos la abandonaran, sé que es un consuelo para ella que unas jóvenes la saluden cada vez que pasan por su casa y que, en ocasiones, entren, aunque sea solo para verla cocinar o estar a su lado en silencio.
En personas como ella puede ser más evidente la importancia de estar presentes en sus vidas y brindarles nuestra amistad, pero esa presencia también es importante para todos.




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