Romualdo, un niño de 75 años

Romualdo es un señor de unos 75 años que quedó viudo hace poco más de un año. Desde que falleció su esposa, su vida cambió por completo. Cuando lo visitamos con alguien que no lo conoce, siempre recuerda a su esposa como una mujer que hacía todo en la casa, que cuidaba de todos los detalles. Para él, su muerte ha sido muy difícil, porque habían compartido más de 30 años de vida juntos. Cuando habla de su familia, sus ojos se nublan y parecen querer desbordarse en lágrimas. La situación de su casa es desordenada y descuidada. Al entrar al patio, casi siempre lo encontramos sentado en una silla de plástico. Algunas veces está acompañado por algún vecino y otras veces está solo, pero siempre cuenta con la compañía de sus mascotas, sus grandes compañeros: sus cachorros (perros).
Un día llegamos de visita y, mientras conversábamos de todo un poco, comenzamos a hablar de nuestros juegos preferidos. Aquí es muy común encontrar a las personas jugando al dominó, y Romualdo no era la excepción: ese era su juego preferido. Entonces le propusimos jugar la próxima vez que lo visitáramos, pero él nos dijo que tenía un dominó en casa. Buscamos el nuestro y comenzamos a jugar. Romualdo parecía un niño. Estaba tan feliz cuando ganaba que no quería dejar de jugar.

Otro dia lo fuimos a ver porque era su cumpleaños y llegamos a su casa con una tortita, cantando: “Parabéns pra você, nesta data querida…”. Sus ojos se llenaron de un brillo inexplicable. Su rostro era como el de un niño que recibe un regalo que había estado esperando durante mucho tiempo. Sentí que estaba presenciando un pequeño milagro. Era la primera vez que lo veía tan feliz, y poder ser parte de esa felicidad fue también un regalo para mí.




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