• Dulcina Mazzola

El hermoso mundo de un ciego

Pietro es ciego, pero esto para él es una bendición; su ceguera puede curarse por medio de una operación, pero él acepta, con mucho amor, lo que le fue dado y más bien piensa que poder ver es tan solo una distracción.

Mientras almorzábamos, él nos contaba todas las cosas que hace, los idiomas que sabe hablar. Aproveché y le pedí que me explicara cómo se escribe y lee en Braille; al escuchar mi interés sus ojos se iluminaron y antes de que me diera cuenta, ya tenía su máquina en la mesa y me estaba enseñando las letras. En ese momento, él abrió un mundo hermoso y completamente nuevo para mí…Nunca voy a olvidar esa sensación de plenitud de sentirme una niña a los pies de un gran maestro (aún la siento cada vez que recuerdo ese momento) … y su felicidad porque yo me había animado a entrar en su mundo, a sentirme como él e intentar entenderlo.


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