• Luz Pedroso, El Salvador

El orfanato

En Navidad una familia nos invitó a visitar un orfanato para entregar regalos. Nunca había ido a uno, no sabía cómo iba a ser esta visita. Al entrar al orfanato y dirigirnos al comedor inmenso que tienen, donde iba a ser la entrega de los regalos, veo primero a dos señoras y cada una llevaba a dos niñas de menos de dos años. Sentí cómo mi corazón se paralizó en ese instante y tuve que tragar las ganas de llorar. Tantos niños ahí, sin familia, o que si la tienen no pueden cuidarlos. Tantos niños que necesitan mucho amor y que están desde hace días o años. Y cuando los vi, me dije en mi mente “Quisiera llevármelos a todos de acá”, pero sólo me quedó aprovechar ese tiempo con ellos, hablar y jugar. El simple hecho de hacer burbujas de jabon y reventarlas con los más pequeños, sentarme a hablar con los más grandes, o solamente preguntarles “¿cómo estás?” son pequeñas cosas que a veces pueden ser muy importantes para ellos. A la vez me sentí perdida al no saber cómo acercarme a algunos, por no tener suficiente tiempo para compartir. Y cuando llegó el momento de irme no sabía cómo hacerlo o simplemente no quería, deseaba quedarme ahí, jugando y conociéndolos. Sólo nos queda rezar por ellos, por sus realidades y corazones, por sus familias, estoy segura de que Dios no los abandona, porque son sus predilectos, y eso da paz a mi corazón.



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