• Lidia, Argentina

El pan de la humanidad

Después de rezar el rosario salimos a visitar, a pesar de la lluvia y el frío que nos circunda. Caminamos algunas cuadras y tocamos el timbre en una casita simple. Interiormente me digo que, con este frío, la mayoría de la gente debe estar durmiendo su siesta. A mi sorpresa, Juan nos abre la puerta con una sonrisa y nos hace pasar en su casita al fondo de un pasillo.


Adentro hace calor pues, para sobrevivir hace y vende su pan. Es un hombre muy educado. Con mucha sencillez nos propone sentarnos, nos prepara un mate cocido y nos muestra todo el proceso de preparación de su pan. Se percibe que ya ha trabajado en una panadería y que conoce muy bien la técnica para leudar la masa, para darle forma a sus panes, para cocinarlos. Mirarlo trabajar es un placer. Nos explica, con un cierto orgullo, que sus panes parten como pan caliente pues a todo el mundo le gusta. Es un hombre un poco silencioso y con una mirada muy atenta. Se levanta temprano pues con su cocinita pequeña le cuesta trabajo cocinar todos sus pancitos… ¡Qué bello ver este amor por el trabajo bien hecho! No hay en él ninguna queja y eso a pesar de haber sufrido muchas injusticias en su vida.



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