• Sofía Ambort

Encontrar a Dios en el barro

Fuimos a la casa de Viviana, una amiga que yo encontré muchas veces en la calle, pero que nunca había visitado.

Su casa está muy sucia, con mucho olor, muchos animales, mucho abandono y descuido. Pero hay algo… algo que me atraía a estar ahí, algo que me hacía sentir feliz y a gusto y que no permitía que aparezca en mí alguna razón para irme.

Son en acontecimientos como estos, donde noto cuánto más feliz soy después de una visita en la que tuve que amar y darme más de lo que naturalmente puedo. Estos encuentros me desarman por completo y me vuelven a armar, volviéndome una y otra vez al corazón de nuestra misión, dándole sentido una vez más a mi presencia acá.

Es ese gran deseo de hallar a Dios el que me atraía, el que me hacía permanecer en la dura realidad de Viviana con gusto y alegría.



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