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  • Daiana L.

Campamento en Uruguay

Durante 3 días estuvimos de campamento con 11 niños del barrio en un lugar un poco alejado de Montevideo, con sierras y mucha naturaleza alrededor.


Una de las actividades del campamento fue subir un cerro cercano para tener misa en la cima. Pensé que subir este cerro para mi no representaba un gran esfuerzo, el camino estaba marcado y tomaría más o menos unos 30 minutos sin dificultad, pero subir y bajar este cerro con 11 niños era otra cosa.


El camino no fue fácil para todos. Con las chicas acompañamos a Sofía y Santiago, mientras que los chicos encabezaban la marcha con el resto de los niños. Cada paso que dábamos con ellos representaba un desafío y cuando el camino se hacia muy pesado era a María a quien recurríamos invocando su presencia y fortaleza.

Cuando llegamos a la cima durante la misa el padre nos habló de cómo debemos dejarnos ayudar en el camino, y sus palabras resuenan cada vez más en mi. Todos estamos en camino y la meta es el cielo.


Para una de las mujeres que nos acompañó, no fue fácil reconocer que necesitaba ayuda. Ella es muy independiente, muy trabajadora y el sostén de su familia. Al final de la caminata estaba totalmente agotada pero aún así continuó con su labor preparando las comidas, sonriendo y entregándose a cada uno de nosotros. Mirandola pienso en cuantas veces, como a ella, me cuesta aceptar que no puedo sola que necesito apoyarme en otros y cuantas veces con el cansancio me cuesta mantenerme en la alegría perfecta de Dios.



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