• Dulcina Mazzola

Cuando uno ama debe, por amor, aprender a aceptar

Salí por la mañana a buscar algunas cosas que faltaban para cocinar y me encontré con Annette, una amiga muy querida del barrio. No la habíamos visto desde mucho tiempo, así que, cuando la vi, me puse muy feliz, pero al acercarme ella me agarró fuerte del brazo y sin decirme nada comenzó a caminar asustada; sin entender mucho la acompañé hasta el médico.


Mientras esperábamos que la atendieran en el centro médico, ella decidió que no quería seguir esperando y que era mejor volver a su casa y por más intento que hice por convencerla para quedarnos, no lo logré así que volvimos a su casa.


Con Annette, siento eso, que cuando uno ama debe, por amor, aprender a aceptar. Aceptar que muchas veces lo único que el otro necesita es nuestra presencia y no nuestros enojos. Aceptar que a veces el otro no necesita nuestras palabras sino más bien nuestro silencio que le recuerde que no está solo y que hay alguien dispuesto a escucharlo. Aceptar que somos solo instrumentos de alguien que tiene una voluntad más grande que la nuestra. Pero sobre todo aceptar que el otro no necesita juicios, sino una mirada de amor; sí, a veces simplemente el otro necesita sentirse amado. Y es entonces que comprendo que debo amar a esta amiga de tal manera que mi confianza esté toda puesta en Él porque no puedo más que abandonar todas mis preocupaciones a sus pies y que, lo que pase con ella, solo sea un puro actuar del amor de Dios.



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