• Florencia Rodriguez

La amistad siempre continúa

Una amiga nos cuenta que Miguel, que era amigo de Puntos Corazón, se encontraba en el hospital. Nos pidió que fuéramos a ver a su esposa y a su familia. Nosotras no lo conocíamos ni sabíamos dónde vivía y nuestra amiga tampoco podía explicarnos bien por dónde quedaba su casa. El tiempo pasaba y no lográbamos saber dónde vivía. Cierto día nos encontramos con unas hermanas que conocían a Miguel. No puedo describir la felicidad que sentimos en ese momento. Cuando llegamos, nos recibió una de sus hijas, le contamos que éramos de Puntos Corazón y que supimos que su papá estaba mal y que por eso estábamos ahí. Nos invitó a pasar a su casa. Era el cumpleaños de Mario y el día anterior le habían dado el alta del hospital. Rápidamente todos se pusieron a conversar con nosotras, como si nos conociéramos de toda la vida. Luego llegó él y vimos a un señor avanzado en edad, acompañado de dos personas, porque no podia caminar ni tampoco ver. Cuando le dijimos quiénes éramos, en su rostro se dibujó una gran sonrisa. Él no sabía nuestros nombres ni nada, pero lo primero que nos preguntó fue: ¿de qué país vienen? Aún con sus tantos problemas de salud, con sus limitaciones, podíamos ver cuánta felicidad tenía y cuántas ganas de vivir. El tiempo con ellos fue muy hermoso. Fue ahí que me di cuenta de que los voluntarios estamos de paso, que algunos se van y otros llegan, pero la amistad que existe entre la gente del barrio y el Puntos Corazón no se termina cuando alguien se marcha: siempre continúa. Solo me queda agradecer a Dios por estos 30 años de presencia, de amistad y amor.



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