• Luz Pedroso, El Salvador

Lo esencial es invisible a los ojos

Don Mateo es un hombre al que siempre vi borracho desde que llegué a la colonia. Cada vez que lo cruzaba estaba sentado en el negocio de Niña Marina, tomando sus cervezas. En un principio me daba miedo, me alejaba de él. Cada noche él busca su cena en lo de Niña Marina.

Un día pasé por lo de Marina a saludarla, y ahí estaba Don Mateo, esperando su cena, era una de las primeras veces que no lo veía borracho, así que empecé a preguntarle sobre él, y me cuenta que trabaja en la escuela del Padre Pepe, de herrero, que trabaja ahí desde la fundación del colegio, y me dice “todo lo que está afuera de decoración de la escuela, cada ventana, cada estructura metálica la hice yo con mis propias manos". Me quedé sorprendida de que hubiera sido él, no lo esperaba y obviamente no dudé en preguntarle cómo había hecho esos adornos que tanto me gustaban, él me explicó todo, fue una hermosa conversación, aprendí mucho. Con su edad sigue trabajando de herrero, sigue ayudando y enseñando a los jóvenes en el taller de herrería. Don Mateo me enseñó a ver que lo importante está en el interior, que todo va más allá de las apariencias y que hay que aprender a mirar con los ojos del corazón, con los ojos del amor, con los ojos de Dios. Aprendí que hay personas que por fuera parecen simples, pero por dentro son verdaderos diamantes que hay que saber valorar.




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