• Judit Masramón, Brasil

Su única posesión


Doña N. es una mujer muy simple y muy pobre. Que no piensa dos veces cuando se trata de compartir lo poco que tiene con otros. Siempre dice: “si tengo un paquete de arroz y alguien precisa, para él es mi otra mitad. Aunque yo no tenga nada.” Esta es una de las cosas que más me moviliza de nuestros amigos del barrio y no consigo acostumbrarme y dejarme de maravillar. Ellos lo dicen sin vueltas: “yo soy carente, pero no me apego a nada y lo que tengo no me pertenece. Sólo a una cosa tengo miedo de apegarme: a ustedes, porque después duele mucho.”


Es increíble ver cómo, las personas que nada tienen, se aferran afectivamente. El afecto pasa a ser su única posesión. No son las cosas. Ellos no se aferran a lo poco que tienen: lo comparten, en pos de agradar a aquellos que son dueños de su afecto. Y la misión me enseña a recibir aquello que me quieren dar, a aprender a aceptar lo poco que tienen nuestros amigos y que desean de corazón compartirlo conmigo, sin detenerme a pensar que me estoy quedando con algo que debería ser de ellos.

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