• Puntos Corazón

Tengo que continuar Tu trabajo, incluso durante la guerra

Por Regina (EEUU), en misión en Ucrania en 2012-2014 y en Argentina en 2016


Son las once de la noche. Tengo un raro momento de paz en la habitación de un paciente. Un momento de consolación. De fondo se escucha un programa de televisión nocturno en donde se oyen risas al que no presto atención. Un cambio de tono me llama la atención y miro hacia atrás para ver que la comedia ha sido interrumpida por las noticias de última hora: Putin ha invadido Ucrania. Mi primer pensamiento es aceptar que no me sorprende. Mi primera emoción es la tristeza. La tristeza me acompañará durante muchas horas y luego durante muchos días. Me despertaré con tristeza cada día de esta guerra.



Mi primera constatación es que tengo que hacer algo, pero no sé qué. Me quedo congelada durante un segundo muy largo. Me descongelo. Tengo que hacer mi trabajo. Para eso estoy aquí. Me horrorizan las tareas rutinarias que debo realizar durante mi turno mientras estalla una guerra en un país que amo y al que he llamado hogar. Pero tengo que seguir adelante. Tengo que estar atenta a mis pacientes. Tengo que colocar almohadas debajo de ellos cada dos horas para que no les salgan escaras. Tengo que ayudarles a bañarse y cambiarles las sábanas para evitar infecciones. Tengo que estar atenta a las posibles emergencias que podrían ocurrir, y de hecho ocurren, en las próximas horas. Así que sigo adelante.



Mis compañeros de trabajo no conocen mi trayectoria, así que no entienden lo que estoy viviendo. Quedan muchas horas de mi turno y nadie con quien compartir en medio de la noche, así que tengo mucho tiempo para reflexionar. Pienso en el pueblo ucraniano y en todo lo que me ha enseñado. Reflexiono sobre cómo el tiempo que pasé en Ucrania me ayudó significativamente a convertirme en lo que soy hoy. Es gracias a este pueblo que soy enfermera y que sigo intentando hacer la obra de Dios, incluso durante una guerra tan lejana pero tan personal para mí. Pienso en lo agradecida que estoy de tener amigos en Ucrania a los que quiero y por los que temo. Conozco su fuerza y su valor, su miedo y su esperanza, su fe en sí mismos y en Dios. Estoy agradecida por poder compartir su miedo y sus lágrimas porque los conozco y porque los quiero. Estoy agradecida por los muchos mensajes que se han enviado y recibido desde entonces con palabras de consuelo, dolor y, lo que es más importante, momentos de profunda gracia que han surgido de esta guerra. Y todo esto me da la gracia de volver al paciente que tengo delante de mí y continuar con los cuidados que había comenzado.



Recemos por Ucrania.

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