• Aude Guillet, en Ucrania

Huésped de los exiliados

«Quieren derribarnos por tierra, pero se olvidan que somos una semilla…” Proverbio ucraniano.

Desde el inicio de la guerra en Ucrania y de las primeras alertas aéreas, Lviv hizo frente a un aflujo impresionante de desplazados que huían de las zonas de combate o que han sido el blanco de los bombardeos rusos. El Punto Corazón de Lviv, como muchos de sus amigos, abrió las puertas de su casa para recibir.



Lo que primero me habita son los rostros de todos los que pasaron por casa: Mikola, María y la pequeña Sofía que llegaron durante la noche como la Sagrada Familia buscando refugio. Una familia turco-ucraniana con sus hijos y uno de ellos autista que nuestro querido amigo Denis nos trajo (escultor profesional que se colocó a disposición para recibir en la Terminal a los refugiados). Victoria acompañando a su amiga embarazada de 7 meses, Genia, con su madre anciana y un compañero de camino. Todos ellos huyendo de los bombardeos en Kharkiv: “A Kharkiv, era el infierno y ahora en esta casa es como si estuviéramos en el paraíso. Tenía todo y lo perdí todo, solo me queda la fe, la esperanza y la caridad, la fuente y la culminación de nuestras vidas”. Victoria con su pequeño Andrés (4 años) quien de camino hacia la terminal nos decía: “¿Dónde está mi casa?” Otra mamá, Victoria con sus dos hijos nos escribieron unas líneas llenas de gratitud después de una noche demasiado corta. Tania y su hijito Ilia que pasaron la frontera polaca (después de un largo viaje desde Kiev) pero que volvieron a Lviv: se dieron cuenta que el papá del niño que vive en Polonia no se ocuparía de ellos… Estaban solos y no conocían a nadie. La providencia los condujo hasta nosotros. “Ustedes son personas de Dios. Que Dios proteja vuestra obra”, nos escribió ella.

Pienso también en Katia, una joven artista que en la tormenta del inicio llegó a Lviv, pero que decidió volver a Kiev para defender su ciudad… El hermano y la cuñada de nuestra amiga Lali con su hija (después de un viaje de 4 días desde Kharkiv hasta Lviv): el dolor se leía en los ojos de ese papá a veces hasta las lágrimas… su mujer y su hija se han ido a Polonia. Aflicción de las familias que toman la decisión de separarse.


Finalmente, una pequeña familia: Liena (que camina con dificultad porque tiene un problema en una pierna), su marido (sordo) y su hijita de 8 años Nastia. Ellos se quedaron un periodo más largo (no quieren separarse y se quedan en Ucrania) hasta encontrar un lugar donde vivir. Ayer, Liena y la pequeña Nastia vinieron con nosotros a Liturgia de los dones Presantificados en la iglesia greco católica San Pedro y San Pablo. Liena que es ortodoxa me decía conmovida: “la liturgia es como nuestra casa!” y en el camino me confiaba: “esta guerra nos obliga a elegir o no a Dios, no hay otra alternativa…”



Todos tienen el rostro cansado, a veces los ojos perdidos, el dolor está ahí bien presente y a la vez púdico, perdieron todo en una noche, y la mayoría se dirige hacia un largo exilio… y sin embargo una luz resuena, su vulnerabilidad nos es ofrecida, es eso lo que les vuelve amables, próximos. Un Stabat ha sido plantado en su corazón y en su alma como una lanza.

Durante algunas horas pudieron gustar un poco de consuelo, una vida de familia, esta hospitalidad tan propia de nuestro carisma. Dios nos da la posibilidad de ser el huésped de sus corazones… hemos rezado muchas veces juntos (sobre todo a la noche) acompañados de nuestros amigos estudiantes que pasan también buscando un momento de reposo. Cantamos vísperas, seguidas de la oración del corazón: Señor Jesús, hijo del Dios vivo, ten piedad de nosotros, suave y larga suplicación.



Desde hace algunos días el flujo de desplazados ha disminuido, pero muchos amigos de Lviv (o aquellos que decidieron no irse de Ucrania) pasan por casa buscando un lugar de refugio, de oración o sencillamente para encontrarse. La vida está conmocionada, y mismo si ha habido un impulso de solidaridad y de movilización increíbles (no conozco ningún conocido nuestro que no participe de alguna manera sirviendo, acogiendo o siendo voluntario), el regreso a los estudios es todavía incierto para los estudiantes y los niños, muchos perdieron su trabajo, los precios suben, no hay más lugar para acoger en Lviv y la ciudad fue bombardeada tres veces (felizmente solamente en lugares estratégicos).



En medio del desencadenamiento de acontecimientos tan dolorosos y a veces absurdos que han sufrido nuestros amigos de Ucrania, me parece que somos conducidos “a permanecer” en la entrada de la tumba, mendigando la resurrección en este lugar inconcebible e incontrolable.

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