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  • Berenice, voluntaria francesa en Villa Jardín

Un islote de verdadera fraternidad

Hace ya cinco meses que voy a la casa de Punto corazón en Villa Jardín. Recuerdo que cuando llegué el primer dia me conmovió mucho ese lugar: un islote de verdadera fraternidad e inmensa generosidad, todo eso bajo la mirada pacificadora de Cristo. Cada vez que voy, sigo maravillada por la pura gratuidad y sencillez vivida por los voluntarios y la gente del barrio, a pesar de todas las dificultades, compartiendo cada instante: el dolor, las debilidades y la alegría simple ¡Y se recibe mucho más de lo que se da! Esos momentos esenciales vuelven a despertar el corazón, aplacando toda resistencia e indiferencia. Con ellos y con Él sigo aprendiendo esa disponibilidad para vivir cada instante cómo llega y recibir al otro con entusiasmo, ternura y paciencia.




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