• Puntos Corazón

Una piedra preciosa para Dios

De Judit Masramón, en Brasil:


Señor E. es un viejo amigo nuestro. Conoce tantos misioneros que ya perdió la cuenta… Es un hombre bien mayor de unos 80 años. Hace ya largo tiempo que perdió el uso de sus piernas y está postrado en una cama. Actualmente apenas escucha y ve muy poco.

Con mis hermanas de comunidad sabíamos que él se había mudado de nuestro barrio. Durante la cuarentena teníamos muchos deseos de contactarnos con nuestro amigo. Fue así que, gracias a Dios y luego de investigar un poco, logramos conseguir el número de teléfono de su hijo. Cuando lo llamamos recibimos una noticia que nos sorprendió y nos alegró el corazón: Señor E. ya no estaba viviendo con él; había decidido regresar a la Coroa da Lagoa porque extrañaba mucho su casa y su barrio. También nos contó que siempre estaba preguntando por los misioneros de Puntos Corazón porque hacía tiempo que no los veía. Sabiendo esto, pedimos el número de su otra hija, que es quien vive y cuida de él ahora y logramos hablar con ella y Señor E. por video llamada. Fue una conversación de locos, porque como les conté, casi no escucha, así que cuando le preguntábamos quién fue para él el mejor jugador del mundo, Maradona o Pelé, nos respondía que lo que más le gustaba comer era arroz y feijao… (Tal vez se hacía el desentendido para no reconocer que sin duda es Maradona, pero bueno, eso es otra historia). La cuestión es que más allá de no entender casi, se puso muy contento de saber que lo llamamos.

Continuamos conversando y en un momento y nos dijo con resignación: “Meninas”, yo ya no sirvo para nada, ya estoy para arrojar a la basura…” Yo sentía que se me estrujaba el corazón. Y con mi acento extranjero y mi portugués básico procuraba encontrar las palabras justas… que pudieran “decir algo”.

Señor E. es un Don enorme para cada misionero de Puntos Corazón, él es una piedra preciosa de valor incalculable para Dios y nada que él haga o deje de hacer va a cambiar eso. Y en el proyecto de amor de Dios él tiene una misión, así, postrado en su cama, con sus ojos ya cansados, su piel arrugada y la voz ronca él recibe una misión que le es dada por Dios, aunque no podamos entender -ni precisamos-. Es un misterio.



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